
Un "hospital" de Acapulco operaba con medicamentos caducos y sin registro — y el pitazo vino de Estados Unidos
La Marina y Cofepris suspendieron un establecimiento hospitalario en Acapulco tras una visita de verificación: fármacos sin registro sanitario, de procedencia extranjera, caducos, presuntamente contaminados, a granel y sin recetas especiales para estupefacientes. El aseguramiento vale unos 100 millones de pesos. La alerta original no era por los pacientes: era por desvío de medicamento controlado hacia el otro lado de la frontera.
Nadie entra a un hospital preguntando por sus papeles. Uno entra porque le duele algo, porque el seguro lo mandó ahí o porque era la clínica abierta más cerca a las tres de la mañana. Confiar es parte del trato.
Por eso vale la pena leer con calma lo que la Secretaría de Marina y Cofepris encontraron esta semana en un establecimiento de Acapulco que operaba como hospital. No es una historia de trámites. Es una historia sobre qué te pueden estar inyectando.
- Qué pasó: la Secretaría de Marina, en coordinación con Cofepris, suspendió un establecimiento hospitalario en Acapulco, Guerrero, y aseguró los medicamentos tras una visita de verificación sanitaria
- Qué encontraron: fármacos sin registro sanitario en México, de procedencia extranjera, caducos, presuntamente contaminados, de uso exclusivo del sector salud y medicamento a granel
- Qué faltaba: controles suficientes para el manejo y la custodia, documentación legal que acreditara la tenencia legítima y recetas especiales para prescribir estupefacientes
- Cuánto: la afectación económica ronda los 100 millones de pesos
- Por qué llegaron: un alertamiento por posible desvío de medicamento controlado hacia Estados Unidos, dentro de programas de coordinación internacional de la ONU
(Fuente: Secretaría de Marina y Cofepris, vía La Jornada, 08/09/2026.)
Lo que significa cada palabra de esa lista
"Sin registro sanitario" no quiere decir que el medicamento sea falso, aunque puede serlo. Quiere decir que Cofepris nunca revisó ese producto: ni su fabricante, ni su fórmula, ni su cadena de frío, ni su etiqueta. Es una caja sobre la que el Estado mexicano no tiene ninguna opinión, porque nunca la vio.
"Caduco" es más simple y más incómodo: el principio activo pierde potencia con el tiempo. Un antibiótico vencido no te envenena en la mayoría de los casos; simplemente no mata a la bacteria, y tú te enteras tarde, cuando la infección ya avanzó.
"A granel" es la que debería erizarte. Medicamento a granel es medicamento fuera de su empaque original: sin lote, sin caducidad impresa, sin quién responda. Es exactamente la forma en que un producto deja de ser rastreable.
Y "sin recetas especiales para estupefacientes" es la pieza que conecta todo lo demás. En México, los opioides y otros controlados se recetan con un formato especial, numerado, que Cofepris emite y que deja un rastro de papel. Ese rastro existe para que se pueda contar cuánto entró y cuánto salió. Cuando no hay recetas, no hay conteo. Y cuando no hay conteo, nadie puede decir a dónde fue el faltante.
El detalle que reordena la nota
La verificación no empezó por una denuncia de pacientes ni por una muerte sospechosa. Empezó por un alertamiento sobre posible desvío de medicamento controlado hacia Estados Unidos.
Eso cambia el tamaño de la historia. Un hospital con opioides sin control no es solo un riesgo para quien se opera ahí: es un eslabón posible de una cadena que termina en otro país. Que quien tocara la puerta fuera la Marina, y no únicamente la autoridad sanitaria, dice bastante sobre qué se estaba persiguiendo.
Para el paciente de Acapulco, sin embargo, la conclusión es la misma por los dos caminos: un establecimiento que no puede probar de dónde salieron sus medicinas tampoco puede prometerte que la que te van a poner sirve.
Cómo revisar el hospital o la clínica a la que vas
No hace falta ser inspector. Hay cuatro cosas que cualquiera puede pedir o mirar, y ninguna es de mala educación.
1. El aviso de funcionamiento o la licencia sanitaria. Todo establecimiento de atención médica tiene que estar dado de alta ante Cofepris. Los hospitales con quirófano, hospitalización o rayos X necesitan licencia sanitaria, no solo aviso. Ese documento se exhibe. Si pides verlo y nadie sabe dónde está, ya tienes una respuesta.
2. El responsable sanitario. Es la persona con cédula profesional que responde legalmente por lo que pasa ahí dentro. Su nombre debe estar en el aviso. No es un cargo decorativo: es a quien la autoridad va a buscar.
3. La caja del medicamento, antes de que la abran. Tienes derecho a ver lote, caducidad y registro sanitario —el número que empieza con las siglas de Cofepris— impresos en el empaque. Si el suero, el antibiótico o el analgésico llegan a tu cama ya fuera de su caja, pregunta. La respuesta normal es enseñarte el empaque; no hay motivo para que no exista.
4. La receta, si es controlado. Si te prescriben un opioide, la receta especial no es un capricho burocrático. Es tu comprobante de que ese medicamento entró y salió de un inventario legal.
Y si algo no cuadra
Cofepris recibe denuncias sanitarias de cualquier persona, sin necesidad de abogado, sobre establecimientos, medicamentos y publicidad engañosa. No hay que esperar a que alguien salga lastimado: un establecimiento que guarda fármacos a granel hoy es el mismo que mañana te va a poner uno.
Cien millones de pesos en medicamento asegurado es una cifra que impresiona en el boletín. Lo que debería impresionar más es lo otro: que un lugar así estuviera operando como hospital, con puertas abiertas y camas ocupadas, hasta que una alerta de desvío al extranjero hizo que alguien fuera a mirar.